CorrÃa el minuto 20 del derbi del pasado sábado, cuando Joan Garcia, indiscutible protagonista del encuentro, decidió empujar a Gerard MartÃn para convertirle en un escudo y asà salvar el remate a bocajarro de Pere Milla. Y lo logró. Fue éste, a mi entender, el momento clave de la formidable actuación del meta azulgrana, porque compendia todo lo que hubo a continuación, incluido el paradón, a cabezazo del propio Milla, en el 39.
Con el recurso de empujar a un compañero para salvar un gol, Joan demostró una lucidez sin lÃmite y su determinación de mantener la porterÃa a cero en un dÃa difÃcil para él, como fue el de su retorno al feudo espanyolista. En ese impulso comenzó su séptimo cero en trece partidos. Que un jugador empuje a un compañero y eso se convierta en una jugada decisiva, solamente recordamos el de James cuando empujó a Modric en un partido ante el Sevilla de hace ocho años. El colegiado, el nefasto Mateu Lahoz, convirtió la caÃda del croata en el área en penalti (¡faltarÃa más!) que transformó James sin reparo alguno. Luego hablan de valores.
Lo que también tapó el empujón de Joan a Gerard fue que la defensa adelantada del Barça es un coladero cuando el rival, esta vez un magnÃfico Espanyol, ha trabajado un antÃdoto; que eso de colocar a Raphinha de mediapunta es un error; que Lamine ha de dejarse de arabescos y trabajar para el equipo y que, cuando el Espanyol abrió lÃneas para ganar, regaló espacios a unos suplentes de oro llamados FermÃn, Olmo y Lewandowski y la cosa acabó como acabó. En definitiva y por encima de todo, fue un insólito empujón hacia el tÃtulo de Liga.

