Hoy empieza la era de Xavi Pascual en el banquillo del Barça que durará hasta junio de 2028. Llega uno de los mejores entrenadores del continente para coger un equipo en horas bajas, que lleva dos años en blanco y que, por motivos económicos, anda maniatado. Ni se puede fichar lo que se quiere, ni el presupuesto da para pintarles la cara a los equipos griegos, turcos o al Real Madrid. Pero, como dirÃa Laporta, “al loro, que no estamos tan malâ€�.Â
Una semana después de la pañolada a Cubells y de despedir a Joan Peñarroya, el equipo ha ganado tres partidos difÃciles con Óscar Orellana como entrenador interino. Con mucha más defensa, con más compromiso individual, con sistemas ordenados y con rotaciones lógicas, se han encadenado tres triunfos, una novedad en lo que va de temporada. Orellana ha puesto sentido común y le ha salido redondo. Tras su debut con victoria en Múnich (74-75), al ver que los jugadores le abrazaban en el vestuario, le regalaban el balón y se lo firmaban supimos que se habÃa recuperado un espÃritu de equipo como hacÃa tiempo que no se veÃa. Se volvió al Palau, habiendo fumado la pipa de la paz. También por parte de la afición. Se derrotó a la Virtus y al Baskonia en encuentros muy competidos, que exigieron la mejor versión individual de las estrellas.
Ese Clyburn que en la ACB no miraba a canasta ni pudiendo, se lució ante los vitorianos. Si a Peñarroya no le hicieron la cama, se le parece mucho. Orellana, hombre de Club, ha estado de matrÃcula de honor. No solo por el impecable tres de tres. “Cuando todos se ponen al servicio del equipo es difÃcil ganarnosâ€�, dijo como epitafio. Ojalá reciban igual al exigente Xavi Pascual.

