La afición lo reclamó desde las tribunas del Estadio de Boston durante el Noruega–Francia que cerró el Grupo I de la Copa Mundial de la FIFA 2026™. El seleccionador Ståle Solbakken optó por reservar a Erling Haaland en el banquillo; Francia, inevitablemente, se impuso 4-1 y Noruega, ya clasificada, cerró segunda.
A sus 25 años, Haaland acumula con Noruega 59 goles en 52 partidos oficiales, una cifra que subraya su voracidad goleadora. En su primer Mundial absoluto sumó cuatro tantos, repartidos en dos dobletes: el 4-1 ante Irak en el debut y el 3-2 frente a Senegal, tanto este último clave para asegurar el pase a los octavos. Llega al torneo como la principal carta ofensiva noruega: en sus últimas apariciones oficiales ha encargado casi siempre la resolución del partido al toque final.
Haaland no esquiva la autoconfianza. “No sé lo que hago, simplemente soy muy bueno marcando goles”, dijo el delantero del Manchester City, cuyo instinto goleador le permite definir con eficacia aun sin acumular mucho contacto con el balón.
Nacido el 21 de julio de 2000 en Leeds, cuando su padre Alfie Haaland jugaba allí, Erling decidió en agosto de 2025 llevar en la camiseta de la selección el apellido materno “Braut Haaland” sobre el dorsal 9, un gesto de tributo a Gry Marita Braut, su madre y figura destacada del atletismo noruego en el heptatlón. La familia materna también está ligada al deporte: varios primos de Haaland son futbolistas profesionales.
Además de su olfato goleador, Haaland tiene una peculiar costumbre: guarda como “trofeos” los balones de sus hat-tricks y duerme con ellos. “Son mis novias”, bromea, y sentencia: “Soy adicto a los goles, es una buena adicción”. Con esa adicción, Noruega sueña con llegar más lejos en este Mundial.

