El penalti señalado sobre Carlos �lvarez en el último minuto del encuentro ha vuelto a abrir la eterna discusión sobre el VAR y el sentido común en el fútbol actual. Mariezkurrena acababa de salir al campo y se encontró con un extremo que, cojo y exhausto, llevaba todo el partido sobre sus piernas. En un intento de frenar su avance, el defensor hizo un contacto natural, con el cuerpo y los brazos extendidos, dentro de lo que cualquier jugador considera una acción normal de defensa. Sin embargo, �lvarez se dejó caer y Guillermo Cuadra Fernández señaló la pena máxima sin llamada de arriba, una decisión que vuelve a dejar claro que el VAR no ha solucionado nada.
El problema no es solo el contacto en sÃ, que puede considerarse un pequeño error de Mariezkurrena. El verdadero problema es la tendencia de este fútbol a premiar cualquier simulación y a transformar cualquier roce en penalti. El VAR llegó con la promesa de frenar los ‘penaltitos’, esas jugadas donde la interpretación humana podÃa dar lugar a injusticias, pero lo que vemos es todo lo contrario: el más mÃnimo contacto se castiga, y el tramposo sale beneficiado. La lógica, la experiencia y el sentido común parecen haber desaparecido de las decisiones arbitrales.
Estamos ante un fútbol donde los jugadores apenas agotan la mitad de su tiempo real de juego, donde cualquier roce puede ser interpretado como falta máxima y donde el espectáculo se ve comprometido por exageraciones que, en la vida real, no son penaltis. Mariezkurrena cometió un contacto mÃnimo, inevitable en el fútbol, pero ni por asomo era suficiente para señalar la pena máxima. Si los árbitros hubieran jugado siquiera un partido serio, sabrÃan que esto es parte del juego, y que no todo contacto es una falta que merece castigo. Este tipo de decisiones hacen que muchos aficionados, hartos de la hipersensibilidad y el teatro en el césped, piensen lo mismo que yo: que se pare el fútbol, que me bajo.

