El Barça derrotó a Osasuna por constancia, por la inspiración de Raphinha y por haber puesto, en el segundo tiempo, más ritmo y más verticalidad en sus acciones de ataque. Enfrente, sin embargo, un gran portero lo repelÃa todo. Sergio Herrera no blocaba ni una, pero con los dos puños firmes, las alejaba todas. No es la primera vez que el bravo cancerbero burgalés hacÃa que su 1,92 pareciera un gigante imbatible bajo el arco del Camp Nou. Pero lo que sacó de quicio a los 42.000 culés no fueron sus paradas, sino sus reiteradas pérdidas de tiempo. Cada vez que tenÃa que sacar de fondo, con el pie, se tomaba su buen medio minuto. Hasta el punto que las nueve ocasiones sumadas de la primera parte llegaron a los 4 minutos y 26 segundos de pérdida de tiempo. Ahà va la secuencia, en segundos de cronómetro: 30 + 30 + 33 + 27 + 28 + 38 + 30 + 24 (ahà le avisó el colegiado que se diese prisa) + 26. Una tomadura de pelo total.
Un atentado al espectáculo deportivo. En el segundo tiempo, afortunadamente, el meta osasunista solo tuvo que sacar de fondo en tres ocasiones, siempre con empate a 0, y gastó otro minuto y medio de tiempo del partido. En total, de los 97 minutos del encuentro, Herrera se zampó 6 minutos para sacar de porterÃa. Y no vio tarjeta amarilla alguna.
Bien está que el reglamento, en la gran novedad del año, no les permita retener el balón más de ocho segundos, pero lo del saque de fondo es un puro choteo. Quizá si al llegar a los quince segundos se pitase un saque de esquina en contra se solucionarÃa rápido. Mientras asà no suceda, lo del colegiado de turno tocándose el reloj para hacer creer que sumará ese tiempo al final del perÃodo es pura gesticulación sin ton ni son. Teatro del malo.

