La gran expectación en torno a la serie ‘Heated Rivalry’ (que se estrenará en Movistar+ el próximo 5 de febrero) es sintomática de cómo la ficción contemporánea ha vuelto a instrumentalizar el deporte como un motor para el exceso: rivalidad llevada al lÃmite, cuerpos hipersexualizados y conflicto convertido en morbo. El deporte es la excusa para amplificar pulsiones, tensiones y consumo rápido de emociones. Quizá por este motivo resulta interesante volver a ver series deportivas de hace algunos años para recordar que el deporte sirvió para explicar realidades complejas sin recurrir a la épica constante ni al reclamo sexual.
La plataforma Filmin ha recuperado ‘Friday Night Lights’, una ficción televisiva que se estrenó en 2006 y que hoy puede leerse de otra forma. Ambientada en un instituto de un pequeño pueblo de Texas, la serie se articula en torno a su equipo de fútbol americano. Su interés no reside en la competición sino en el uso del deporte como excusa narrativa para retratar a toda una comunidad. A su alrededor se entretejen aspiraciones, frustraciones y juegos de poder que acaban ejerciendo una enorme presión sobre unos adolescentes convertidos en depositarios del éxito colectivo. El tÃtulo nos remite al ritual de los partidos de los viernes por la noche bajo los focos del estadio. Pero esta luz que deberÃa proyectar lo heroico también genera sombras. ‘Friday Night Lights’ se desmarca deliberadamente de la épica y de las promesas de triunfo. Los conflictos no siempre se resuelven según los tópicos del drama deportivo. En su momento, la serie se anticipó a una mirada sobre la masculinidad. Más allá de algunos tópicos propios de la época, habla de la dificultad por expresar emociones, de la rigidez de los roles, de la agresividad como forma de esconder debilidades y del deporte como canalizador social de la violencia. ‘Friday Night Lights’ utiliza el fútbol americano para desmitificarlo y presentarlo como una forma de control. Los focos del estadio también iluminan lo que no se quiere mostrar. Esta lectura se refuerza con una puesta en escena de aire semidocumental (cámara al hombro, proximidad a los personajes, silencios…) que potencia la sensación del espectador de estar observando lo que no es fácil de ver. Y esto hace que la serie, pese al paso del tiempo, tenga todavÃa detalles que revelar.

