Matizan los puristas de las terminologÃas futbolÃsticas que una chilena (también bicicleta) es el remate aéreo con el pie de espaldas a porterÃa, en paralelo al césped y sin referencia visual del guardameta, y que una tijera (o tijereta) es la volea con el cuerpo de lado tras un salto a media altura (o más elevado) y con vistas al objetivo. El golazo de Lamine Yamal que sentenció la victoria del Barça ante el Oviedo (3-0) está más cerca de la tijera que de la chilena, aunque lo importante es que la ejecución del movimiento acrobático confirma que el extremo de 18 años afronta el tramo decisivo de la temporada en plena forma tras un inicio de curso interrumpido por una pubalgia con la que aprendió a competir con dolor y que ya ha superado.
Menos estética, pero igual de valiosa, seguro que más importante para un entrenador como Hansi Flick que valora la implicación de los cracks en tareas defensivas, fue su presión a David Carmo para impedir que sacara el balón con tranquilidad desde el área propia del Oviedo, provocando el error del central y dejando el esférico posteriormente para la llegada de un Dani Olmo que abrió la lata con el 1-0. El egarense le devolvió el regalo con su asistencia perfecta para que Lamine diera rienda suelta a su imaginación con esa tijera.
“Hemos flipado todos con ese golâ€�, exclamó Raphinha, mientras que Marc Casadó revelaba que “no le hemos visto ese remate ni en los entrenamientosâ€�. Todos se alegraron por Lamine porque saben que la molestia en el pubis le impedÃa jugar con la comodidad deseada para que mostrara todo su talento.
Lamine Yamal, pese a todo, lleva once goles (ocho en Liga, dos en Champions League y uno en Copa) y once asistencias en los 26 partidos oficiales que ha disputado esta temporada, aunque con sus centros envenenados ha provocados autogoles como los de Elgezabal (Levante) o Tzolis (Brujas) que en algunas bases de datos le contabilizan como servicios. La cifra de asistencias serÃa muchos más elevada si varios de sus compañeros hubiesen estado más acertados cuando les ha dejado solos ante los porteros con un toque mágico. Está en disposición de superar los 18 goles y más de 20 asistencia de la pasada campaña.
La molesta lesión
Un jugador de su categorÃa siempre ayuda al equipo, incluso brilló por momentos en esos partidos en los que jugó con dolor, pero su salto de calidad ha sido evidente después de las vacaciones navideñas. Ese descanso le fue bien al pubis, zona en la que ya recibió en noviembre un “procedimiento invasivo de radiofrecuenciaâ€� que le impidió acudir a la selección española. Durante aquellos dÃas, un especialista belga, a instancias del club, le visitó en la Ciutat Esportiva de Sant Joan Despà y aconsejó aquel tratamiento porque era el segundo ‘parón’ de Lamine (sólo descansó con la Roja esta vez) tras los cinco partidos que se perdió en septiembre, cuatro de Liga y uno de Champions.
El 3 de enero, en el derbi ante el Espanyol, ya mostró más confianza en todas sus acciones. Fue muy competitivo en la Supercopa de España, manteniendo un intenso pulso con Ã�lvaro Carreras en la final ganada ante el Real Madrid. Y en Santander, en Copa, donde marcó el 0-2 definitivo, y en Donosti, pese a la derrota 2-1 en Liga, exhibió su nivel, desequilibrando, pero también jugando con enorme inteligencia. En Anoeta se cansó de atraer al lateral y al central que acudÃa a la ayuda para profundizar a FermÃn, que buscaba el espacio libre. En Anoeta falló la punterÃa colectiva.
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Sancionado por acumulación de amarillas, no jugó el pasado miércoles en Praga ante el Slavia, pero sà estará disponible mañana miércoles (21 horas) para liderar los ataques del Barça en el Camp Nou ante el Copenhague. El equipo azulgrana necesita la victoria para entrar en el Top 8 de la ‘fase Liga’ de la Champions League y esquivar asà la siempre peligrosa eliminatoria de repesca de clasificación para los octavos de final. Marcar el mayor número de goles posible (y no encajar) es vital para los hipotéticos desempates. Lamine lo sabe y quiere seguir sumando.

