Hay que reconocer que el nuevo formato de la primera fase de la Champions es mucho más emocionante y atractivo que el anterior. Con las antiguas liguillas de cuatro equipos, en el 95 por ciento de los casos estaba cantado lo que iba a suceder y la competición apenas tenÃa interés real hasta el mes de marzo. Ahora, en cambio, hay mucha más emoción y la última jornada ha pasado de ser totalmente intrascendente a convertirse en un auténtico ‘carrusel’ de partidos, mucho más divertido, en el que se recupera en parte la magia de los transistores y de estar pendiente de lo que ocurre a la misma hora en varios estadios.
El Barça hizo los deberes y acabó logrando meterse en el Top 8, algo que a falta de dos jornadas parecÃa poco probable. En clave azulgrana, de esta primera fase se pueden extraer conclusiones positivas, pero también algunas negativas. El Barça tiene al mejor jugador de la competición, que además parece extramotivado por conquistar Europa; cuenta también con el portero más determinante del momento, y el equipo transmite una fe que le permite salir prácticamente a remontada por jornada. Pero esta primera fase deja también varias señales de alarma, especialmente en el aspecto defensivo: los azulgrana han encajado goles en todos los partidos y han mostrado una fragilidad que, en Europa, se puede pagar muy cara.
El camino hacia la final de Budapest no será tan sencillo como el del año pasado, cuando al Barça le tocó un cuadro relativamente benévolo hasta cruzarse con el Inter en semifinales. Este año, en cambio, asoman en el horizonte potenciales rivales como el PSG, el Liverpool o el Newcastle, que elevarán de forma notable el nivel de exigencia.
Ganar la Champions League es, desde hace más de una década, la gran asignatura pendiente del Barça. La última vez que los azulgrana levantaron la ‘orejona’ fue en 2015, cuando cayó la cuarta Champions en diez años. Aquel ciclo ganador es poco probable que se repita, pero después de haber ganado cuatro en una década, encadenar ahora diez años en blanco se está haciendo demasiado largo. El Barça de Flick ya ha ganado la Liga, como antes lo hizo el de Xavi y el de Valverde, algo que no lograron en cambio Martino, Setién o Koeman. La Champions es mucho más exclusiva y está al alcance de muy pocos.
Ese es precisamente el gran reto de Hansi Flick: conseguir que el Barça vuelva a reinar en Europa, subir él también al peldaño más alto y pasar a la historia del club azulgrana. En su caso, además, tras haber conquistado el tÃtulo con el Bayern, entrarÃa a formar parte del selecto club de técnicos que han ganado la Champions con dos equipos distintos, donde coincidirÃa con Guardiola y Luis Enrique. Ganar o no el máximo trofeo continental marcará la diferencia y le colocará en el lugar que le corresponde en la historia del club.
Pero llegar a Budapest y ganar la Champions League no será nada sencillo; hay que ser realistas. Al margen de que el camino parece más complicado que el del curso pasado, Europa no es la Liga y hay varios equipos que hoy por hoy transmiten tener una marcha más que los azulgrana, como se vio en los duelos ante PSG y Chelsea. No se puede vivir siempre de las remontadas y la fragilidad defensiva mostrada hasta ahora en Europa es un riesgo evidente, para conquistar la Champions hay que rendir más y mejor. Pero también hay motivos para el optimismo y en aquellas derrotas habÃa muchas e importantes bajas. Asà que de momento toca disfrutar del Top 8, aprovechar esas dos jornadas de descanso y observar cómo otros sà tendrán que ganarse el pase a octavos, en nuevo duelo ante Mourinho y Trubin, un desgaste extra que pueden acusar en la Liga.

