La Real Sociedad ha encontrado en la llegada de Pellegrino Matarazzo un punto de inflexión que va mucho más allá de los resultados. El equipo no ha perdido desde la llegada del técnico estadounidense y, aunque hay múltiples factores que explican esta dinámica positiva, hay uno que sobresale por encima del resto: la capacidad de adaptación. La Real ha dejado de ser un conjunto previsible, reconocible hasta el extremo por sus rivales, para convertirse en un equipo moldeable, capaz de ajustarse a diferentes escenarios, contextos y planes de partido sin perder competitividad.
Durante meses, incluso años, la Real Sociedad habÃa construido su identidad alrededor de un estilo muy marcado y un sistema muy reconocible. Eso le dio estabilidad, pero también hizo que los rivales le cogieran el punto. Con Matarazzo, esa rigidez ha desaparecido. El equipo ha aprendido a convivir con diferentes fases dentro de un mismo encuentro: dominar con balón cuando el contexto lo permite, replegar en bloque bajo cuando es necesario, transitar con velocidad o pausar el juego si el partido lo exige. Esa lectura constante de los partidos ha sido clave para remontar encuentros y para sobrevivir en escenarios adversos.
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Luis M. Unciti / Propias
No ha habido dos partidos iguales desde la llegada del estadounidense. La Real no jugó igual ante el FC Barcelona que frente al Atlético de Madrid, ni planteó el mismo encuentro contra el Celta que ante el Getafe. Tampoco se pareció el derbi frente al Athletic Club al duelo copero contra el Alavés, ni al último partido ante el Elche. Precisamente frente al conjunto ilicitano se vio una de las versiones más claras de esta nueva Real: un equipo más directo, más replegado de lo habitual, cómodo en un bloque bajo y muy dañino a la hora de atacar los espacios en transición.
Odriozola, Turrientes y MarÃn, entre otros, claves en este paso adelante de la Real SociedadEsa adaptabilidad colectiva ha ido de la mano de una adaptación individual de muchos futbolistas. En el lateral derecho, Odriozola ha sido uno de los grandes ejemplos. Ha actuado como extremo, como carrilero -la posición preferida para Matarazzo- y también como lateral puro, como ocurrió ante el Elche. En todos los registros ha cumplido, demostrando una versatilidad que ha permitido al cuerpo técnico ajustar estructuras sin necesidad de cambiar piezas.
Algo similar ha ocurrido con Sergio Gómez. El catalán ha jugado mayoritariamente como lateral izquierdo, pero también ha sido utilizado en posiciones más adelantadas, incluso a banda cambiada. Su capacidad para interpretar diferentes roles dentro del mismo partido ha sido fundamental para sostener los cambios de dibujo y para mantener profundidad y equilibrio en ambos costados.
Futbol primera division estadio de Anoeta Real Sociedad Elche Beñat Turrientes
Luis M. Unciti / Propias
En el centro del campo, la adaptabilidad ha sido casi una norma. Gorrotxategi y Turrientes se reparten una plaza, mientras que Carlos Soler se ha convertido en una pieza clave. El valenciano, que en las últimas temporadas habÃa actuado más escorado, se ha adaptado a las tres posiciones del centro del campo. Cuando juegan los tres, es él quien ocupa zonas más adelantadas; cuando el equipo forma con doble pivote, tanto Soler como Gorrotxategi o Turrientes han demostrado entender perfectamente los tiempos, alturas y responsabilidades del rol.
En ataque, el caso más paradigmático es el de Pablo MarÃn. El riojano, mediapunta por naturaleza, ha sido utilizado mayoritariamente como extremo izquierdo, una posición poco habitual para él. Sin embargo, su velocidad, su capacidad de trabajo, su lectura de los espacios y su compromiso defensivo le han permitido adaptarse a una zona donde la Real tenÃa carencias. A su lado, futbolistas como Guedes u Oyarzabal también han demostrado una gran capacidad para moverse entre registros: el capitán, sin cambiar radicalmente de posición, ha sabido aparecer tanto en zonas intermedias como cerca del área según lo ha requerido cada partido.
En definitiva, la Real Sociedad de Pellegrino Matarazzo es un equipo adaptable, moldeable y competitivo. Un equipo que entiende los partidos, que sabe cuándo cambiar el plan y que ejecuta esas decisiones con inteligencia. La Real ya no vive anclada a una sola idea: ahora sabe jugar a muchas cosas. Y casi siempre, bien.

