El fútbol es especial porque tiene muchos factores indominables que disocian el resultado del juego. Sobre todo, hay uno que no acepta el control: el gol. A veces lo marcas sin chutar a porterÃa, un rival lo firma en propia puerta, y otras eres incapaz de convertirlo aunque remates a un palmo de la porterÃa sin oposición. Nadie sabe por qué. Evidentemente, hay condiciones que facilitan el acierto o el error. Por ejemplo, la técnica de remate, la posición del cuerpo, la anticipación a la acción, la intuición de dónde caerá el balón, el engaño al portero, la pausa en el gesto final, la elección entre potencia o localización, la convicción, la concentración y muchas más. Todo ello te acerca al gol. Por eso, hay especialistas muy cotizados en el mercado. Sin embargo, sólo te ayudan a ganar, nunca te garantizan el éxito a corto plazo.
Es decir, pueden asegurarte cifras por temporada, no marcar los goles el dÃa que lo necesites. Ni los extraterrestres como Leo Messi o Cristiano Ronaldo han podido marcar todos los dÃas señalados y también saben qué es fallar goles cantados. Y sin acierto en el remate, es imposible tener buenos resultados. El Barça lo sufrió en San Sebastián, pero lo debe normalizar. De la misma manera que aceptó con naturalidad ganar en el campo del Villarreal o del Espanyol porque fue mejor en las áreas, toca entender que perdió en Anoeta por todo lo contrario. Joan Garcia fue humano y se acumularon la falta de efectividad por milÃmetros en los cinco remates a los palos, los tres goles anulados por fuera de juego de centÃmetros más una falta imperceptible en directo, el penalti anulado por un tacón en fuera de juego de Lamine Yamal y una actuación mayúscula de Alex Remiro. Todo se juntó en 90 minutos.
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El Barça dio finalmente el salto de calidad en el juego que necesitaba para atacar la mitad de temporada decisiva. Ganó once partidos consecutivos para recuperar seguridad, perdió el dÃa que cambió de marcha futbolÃstica, especialmente en la fluidez ofensiva. Fue imparable hasta el remate final, donde se estrelló. Es el camino. Ni un milÃmetro para atrás. El presente es importante, pero es el futuro el que decidirá los grandes tÃtulos. Siempre con el permiso del gol.
El paso adelante africanoMarruecos y Senegal disputaron una final africana caótica, un atributo imposible de separar de ese fútbol. Desde el momento que Senegal no acepta el penalti en contra que podÃa decidir el tÃtulo en el tiempo añadido, hasta el marcaje pegajoso de público, recogepelotas y suplentes marroquÃes al segundo portero de Senegal para que no le ofreciese a Mendy una toalla para secarse los guantes. Todo aderezado por la elección de Brahim en la pena máxima con un ‘Panenka’ impropio para perder la final a partir de ese instante. Hablamos más del gesto de Mané para convencer al equipo de volver al campo antes del penalti que del héroe goleador, Pape Gueye, con un tanto histórico. Mientras nos entretenemos, pasa desapercibido que ambas selecciones pueden liarla en el Mundial con su fútbol. Al tiempo.

