La victoria de la Real Sociedad en San Mamés en la ida de las semifinales de la Copa del Rey Mapfre fue sencillamente magistral. Ganar, mantener la porterÃa a cero y salir con un gol de ventaja es la confirmación de que este equipo, bajo la batuta de Pellegrino Matarazzo, se ha convertido en una máquina competitiva. Desde su llegada, siete triunfos en nueve partidos posibles hablan por sà solos. La Real gana jugando un fútbol intenso, organizado y capaz de mantener la calma ante situaciones adversas. Cada victoria suma, y esta en Bilbao tiene un valor emocional y estratégico enorme.
Sin embargo, recuerdo una conversación con un entrenador de élite hace tiempo, cuando hablábamos de eliminatorias a ida y vuelta. DecÃa que el resultado más peligroso es, paradójicamente, un 1-0. El jugador, en ocasiones, percibe que todo está bajo control: tiene un gol de renta y puede caer en la trampa de la confianza. Mientras tanto, el rival sale con ansiedad, hambre y presión sobre los hombros. Esa combinación, comodidad frente a urgencia, suele favorecer a la segunda parte de la eliminatoria.
Aquà es donde hay que ser claros: la Real Sociedad no es un equipo cualquiera. No es propensa a relajaciones ni descuidos. Este grupo está creciendo, invicto y con un estilo de juego que hace difÃcil cualquier sorpresa en su contra. Y que lógicamente, cualquier entrenador preferirÃa estar en el lado de la Real que en el del Athletic Club. Pero la competición no permitirá relajaciones. Ahora toca disfrutar.Â

