En el mismo fin de semana que el Barça derrotó al Mallorca con nueve jugadores catalanes, con siete canteranos en el once, el Liverpool-Manchester City, entre los dos últimos clubes campeones de la Premier, se parecÃa poco a un tradicional partido de la liga inglesa. De los 22 protagonistas iniciales, solo dos jugadores eran de nacionalidad inglesa.
En el Liverpool, ninguno. Los del neerlandés Arne Slot, parecÃan un anuncio de Benetton, con jugadores de siete nacionalidades distintas. Ninguno de ellos era ni tan siquiera británico. En el once de Guardiola sà habÃa dos jugadores británicos. El canterano Nico O’Really, natural de Manchester, era la excepción en el terreno de juego que habÃa nacido en Inglaterra. El otro jugador con pasaporte inglés titular en el partidazo de Anfield fue el defensa recién fichado Marc Guéhi, nacido en Costa de Marfil pero que será un fijo en la selección de Tuchel en el próximo Mundial.
En la Premier, pues, las esencias se han evaporado. La ‘Ley Bosman’ por una parte y la abundancia de dinero de los clubes, a partir de la creación de la Premier y de los dueños archimillonarios que se compran los equipos como capricho, ha permitido fichar los mejores jugadores del mercado, vengan de donde vengan.
También con la llegada de Guardiola, y de tantos otros entrenadores que le han querido plagiar el sistema, tampoco el fútbol inglés es el de antaño, de balonazo y a correr.
Eso sÃ, el último cuarto de hora loco del Liverpool-City recordó esos partidos de antes. La última vez que el City le ganó los dos encuentros de Liga al Liverpool, los 22 protagonistas eran británicos. Era en 1937. En casi 90 años ha llovido mucho. En Inglaterra, todavÃa más.

