El Barça ha convocado elecciones a la Presidencia y Joan Laporta ha aprovechado el último fin de semana en el cargo para empezar su campaña. LegÃtimamente, pero con la estética por montera, concedió una entrevista a los medios oficiales del Club. Una hora de asistencias para que el entonces presidente las rematase todas a gol. Ni un mal pase, ni una sola revisión de VAR para analizar cuantas veces su gestión ha quedado en fuera de juego.
Aprovechó la alfombra roja para defender la última decisión de su junta: abandonar la Superliga. Una medida comprensible pero anunciada en el momento más populista. Es una forma más de desmarcarse públicamente de Florentino, en tiempo electoral, después de haber necesitado del apoyo del presidente blanco en distintos momentos peliagudos del mandato.
El adiós de la Superliga, cuando ya estaba herida de muerte, y el hecho de volver al redil de la ECA es también una forma de agradecerle a la UEFA que esa multa de 60 millones, por haberse saltado el Fair Play, quedase “soloâ€� en 15. El titular de “con la UEFA hemos vuelto a la familia del fútbolâ€� serÃa entrañable sino fuera porque durante cinco años, en las asambleas de compromisarios y en entrevistas, Laporta ha usado la Superliga como la zanahoria para distraer a los culés, la enésima patada adelante, presentándola como la gran salvación de la futura economÃa del club.
Se ha utilizado el nombre de la Superliga, a conveniencia, desde el primer dÃa. ¿Se acuerdan qué fecha tenÃa esa foto de Laporta, Florentino, Agnelli (y Reverter) en Botafumeiro para sellar la Superliga? 8 de agosto de 2021. Solo dos dÃas después de echar a Messi. HacÃa falta una cortina de humo. En el nombre del restaurante estaba la pista.

