Escuchaba hace unos dÃas una tertulia radiofónica en la que los participantes en la misma, todos ellos voces autorizadas, reflexionaban acerca del cambio en el comportamiento que se habÃa operado en los jugadores de determinado equipo a partir del reciente relevo en la dirección del mismo. PonÃan el énfasis en el mayor grado de compromiso que mostraban los futbolistas desde la llegada del nuevo inquilino del banquillo. Y se hacÃan cruces, intentando explicarse semejante fenómeno, producido en el espacio de unas pocas jornadas. No voy a revelar la identidad del equipo en cuestión, aunque tampoco hay que ser un lince para adivinarlo. Pero aquel debate me condujo a la situación que se vive actualmente en la Real Sociedad, en un contexto que guarda notables semejanzas con aquel.
Desde la llegada de Matarazzo a la Real, todo parece haber cambiado, nada es igual que antes, aunque los protagonistas sean esencialmente los mismos. Dejando a un lado los resultados obtenidos por el técnico de New Jersey, lo que llama poderosamente la atención es la actitud de los futbolistas desde la marcha de Sergio Francisco. Todos hemos podido constatar la mayor implicación defensiva de los jugadores, la elevación del grado de compromiso en el juego por parte de los futbolistas, los mismos que sirvieron semanas atrás a las órdenes del irundarra. Todo ello es motivo de celebración por cuanto tiene de mejora, pero nos conduce inexorablemente a la maldita pregunta: ¿por qué no pudimos percibir esa misma participación, esa misma complicidad, en la etapa anterior? No sé cuál es la respuesta correcta, pero sà sé una cosa: la clave la tienen ellos, los futbolistas, porque siempre la tienen ellos. Es evidente que el equipo no carburaba convenientemente, pero también tengo serias dudas de que el entrenador recibiera toda la ayuda que necesitaba por parte de algunos de sus pupilos. Sergio Francisco ya es historia, pero algunos de los “culpablesâ€�, como siempre, se fueron de rositas. TenÃa que decirlo… con todo respeto.
1
Una prueba sólida
Ante un escenario cargado de incertidumbre como el que se le presentaba a la Real Sociedad tras la destitución de Sergio Francisco, agravado por la exigencia del calendario en el corto plazo, el equipo dirigido por Matarazzo ha respondido sorprendentemente bien. Todo parecÃa jugar en contra del técnico yankee: el estado anÃmico de la plantilla, el ambiente enrarecido en torno al equipo, el desconocimiento de sus nuevos pupilos, por mucho que realizara un seguimiento previo desde la distancia, la barrera idiomática, y para rematarlo, un calendario confeccionado por el enemigo. Pues bien, contra viento y marea, y contra todo pronóstico, el equipo ha levantado la cabeza, ha emergido con fuerza a la superficie, y promete…promete cosas. Pero de todos los resultados obtenidos en estas pocas jornadas, me quedarÃa, sin duda alguna, con el del pasado domingo frente al Celta. Los vigueses no tienen el pedigrà de Barcelona o Atlético, pero juegan un fútbol de muchos quilates, y observar cómo el equipo, en inferioridad numérica la mitad del partido, es capaz de reponerse, plantar cara y acabar por superar al equipo de Giráldez, supone algo más que un indicio de recuperación; constituye una prueba sólida.
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Un derbi raruno
Ya estamos a las puertas de otro de los clásicos de la temporada, esta vez en San Mamés. Un derbi que llega en un contexto algo extraño, con un Athletic que empezó fuerte, pero que paulatinamente ha ido perdiendo gas y que, sin embargo, no lo olvidemos, juega Champions. Enfrente, una Real que arrancó francamente mal y que vive un proceso de recuperación espectacular. Claro que esto es un derbi, ¡y ya se sabe!
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Odriozola es fotogénico
Cuando parecÃa que todos los indicadores de la carrera de Odriozola apuntaban hacia abajo, resulta que emerge con fuerza el donostiarra, justo en el momento más oportuno. Sus apariciones han sido esporádicas, pero casi siempre relevantes. Desde el gol en Montjuic, hasta el penalti recibido frente al Celta para cerrar el partido, su rol ha pasado de residual a alternativo. ¡Bien por Ã�lvaro!

