El miércoles pasado, TV3 modificó su parrilla con motivo del partido de Copa del Rey del Real Madrid, adelantando un dÃa la emisión del Fanzone, el late-show culé de Gerard Romero. El inesperado Albacetazo parecÃa garantizar las condiciones óptimas para una fiesta culé. Paralelamente, en el canal Esport3, la filial deportiva de TV3, mantuvieron la emisión habitual del Onze, la tertulia del Barça de Xavi Valls. Una decisión dudosa: la cadena se contraprogramaba a sà misma con dos espacios futbolÃsticos que comparten el mismo tema y público objetivo. La jugada fue un tiro en el pie. La dirección priorizó el esperpento del Fanzone, más ruidoso y de resultados exiguos, creyendo que asà se consolidarÃa su apuesta. Pero no. Hubo otro Albacetazo. La cadena minoritaria se comió a la principal: Onze, en el Esport3, reunió a 153.000 espectadores y un 13,2% de cuota mientras que Fanzone se quedó con 84.000 y un pobre 7,8%. Es como si el Barça Atlètic ganara al primer equipo.
Esta semana, la cadena, en vez de corregir el error de diagnóstico ha optado por evitar quedar en evidencia otra vez yendo incluso en contra del veredicto de la audiencia. Ayer jueves, volvieron a priorizar Fanzone emitiéndolo simultáneamente en TV3 y Esport3 y relegaron al Onze casi a las doce de la noche, una hora más tarde de su horario habitual, para que no interfiriera en el show a Gerard Romero. TV3 aplica un criterio que va contra las preferencias de los espectadores. Menosprecia además a su propio departamento de deportes para proteger un formato externo que no está respondiendo a sus expectativas. Otra chapuza de la cadena, que confÃa más en influencers y youtubers y unos contenidos de hooligans y palmeros que en su plantilla. Xavi Valls respondió ayer con humor con una gorra de ‘Fan Onze’ para parodiar las formas que ahora complacen a la cadena.
Evitar la coincidencia entre Fanzone y Onze no es lo problemático. Lo revelador es cómo lo ejecutan. Desplazan el de mayor convocatoria cargándose un hábito de consumo de la audiencia. Más allá de los palos de ciego, el tufillo de esta decisión en campaña electoral y unos criterios impropios de una televisión pública, el mensaje que da a su plantilla es penoso. TV3 está gestionando a la defensiva su propio fracaso.

