La llegada de Pellegrino Matarazzo ha supuesto un giro evidente en la Real Sociedad. El equipo venÃa de una dinámica negativa, con derrotas que habÃan erosionado la confianza y con una sensación de rigidez táctica que limitaba su rendimiento. En apenas unas semanas, el técnico estadounidense ha conseguido cambiar la cara del conjunto txuri urdin, no tanto desde una revolución estructural -sigue jugando con una estructura medianamente similar a la anterior-, sino desde la corrección de detalles que hoy convierten a la Real en un equipo moldeable, adaptable y mucho más competitivo en distintos escenarios.
La evolución de la Real Sociedad en fase defensiva: orden, disciplina y ayudasUno de los primeros cambios visibles ha sido la organización de la presión. La Real ya no presiona por inercia, sino con sentido. Matarazzo ha estructurado la presión alta y ha introducido el concepto de ir a pares, igualando numéricamente al rival en primera lÃnea en la mayorÃa de ocasiones. Sin ir más lejos, ante el Barcelona, Brais Méndez se incrustó en la presión inicial para emparejarse con los centrales, mientras Zubeldia saltaba con decisión sobre el mediapunta rival (FermÃn). El resto del bloque ajustaba con precisión, evitando desajustes y reduciendo espacios entre lÃneas. Cuando esa presión no era sostenible por la calidad técnica del rival, el equipo no dudó en replegarse.
Futbol primera division estadio de Anoeta Real Sociedad Barcelona Takefusa Kubo
Luis M. Unciti / Propias
Ahà aparece otro de los grandes avances: la capacidad para alternar alturas defensivas. La Real de Matarazzo sabe presionar arriba, pero también sabe defender en bloque bajo. Frente al Barcelona, el técnico ideó también un repliegue profundo con el objetivo de proteger la espalda ante futbolistas verticales y rápidos. La defensa de cinco, en 5-4-1, fue un recurso trabajado y eficaz, no una solución de emergencia. Los extremos se integraron en tareas defensivas hasta el punto de ver a Kubo cerrando como quinto defensor cuando el balón circulaba por el lado contrario, protegiendo la llegada de Balde. Compromiso y disciplina colectiva. También en ese perfil con la entrada de Odriozola.Â
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Ese esfuerzo defensivo tiene una consecuencia directa en ataque. Los extremos repliegan más, pero también reciben con más metros para correr. El equipo invita al rival a adelantar lÃneas y, cuando roba, encuentra espacios para transitar. La Real ha ganado verticalidad y velocidad en las transiciones ofensivas. El primer pase tras robo mira siempre hacia adelante y los futbolistas de banda están desplegados, preparados para atacar el espacio. El juego interior-exterior se repite con frecuencia y el equipo ha dejado atrás transiciones lentas y previsibles.
Un equipo vertical y punzanteEn fase ofensiva, Matarazzo ha introducido versatilidad en la salida de balón. No existe una única forma de iniciar el juego. Contra rivales con presión baja, como el Getafe, la Real salió jugando desde atrás, formando una salida de tres con Aramburu o con Sergio Gómez como tercer hombre, atrayendo a un rival para liberar el carril interior y encontrar a Brais Méndez entre lÃneas. Ante el Barcelona, con una presión más agresiva y talento defensivo superior, la Real optó por una salida de cuatro más directa, evitando riesgos innecesarios, jugando casi todo sobre Oyarzabal de manera directa.
Futbol primera division estadio de Anoeta Real Sociedad Barcelona gol de Mikel Oyarzabal
Luis M. Unciti / Propias
Ese pragmatismo es otra de las señas del nuevo equipo. La Real ya no se obsesiona con la posesión. Cuando puede jugar, juega. Cuando no, salta lÃneas. Utiliza los apoyos de Oyarzabal, Brais o Soler para avanzar metros, genera centros, ataca el área y acepta partidos más fÃsicos y menos controlados. Las posesiones son más cortas, pero más productivas. El equipo llega más y necesita menos para hacer daño.
Todo ello se sostiene sobre una base innegociable: actividad defensiva y compromiso colectivo. La Real corre más, defiende mejor y acepta sufrir. Cada jugador conoce su rol y lo ejecuta con convicción. Matarazzo ha conseguido que el grupo vuelva a creer, que todos se sientan importantes y que el equipo recupere una identidad competitiva. Habrá que ver cuánto dura el estado de ánimo y cómo se adaptará el entrenador cuando se deje de ganar en los últimos minutos. Porque de momento, en cuanto a estructura, el cambio no ha sido tan notable.Â

