De todas las palabras que forman parte de la jerga habitual del culé, «entorno» es de las que más arraigo tienen. Fue una ocurrencia de Johan Cruyff el 1de abril de 1992, en un viaje del FC Barcelona a Praga para disputar un partido ante el Sparta de una Copa de Europa que semanas después acabó siendo la primera de la historia guardada en el Museu del club azulgrana. Casi 34 años después, el Barça regresa a la capital checa para jugar la Champions League, la que antes se llamaba Copa de Europa. Esta vez, el Barça se medirá al Slavia, cuando en 1992 la espoleta que justificó la alusión al «entorno» acuñado por Cruyff tuvo su origen en una derrota por la mÃnima ante el Sparta gracias a un gol de Horst Siegl mediada la segunda parte. Aquel marcador puso una pizca de suspense a la clasificación del Barça para la legendaria final del 20 de mayo de 1992 en el viejo Wembley ante la Sampdoria.
Con su personalÃsima forma de hablar todos sus idiomas, la expresión de Cruyff hizo carrera, de tal modo que hoy en dÃa, ya entrados en el Siglo XXI, rara es la tertulia futbolera en que no se emplee la palabra. No necesitó nunca traducción porque, salvo en un primer momento de indeterminación, no tardó en entenderse que cuando Cruyff hablaba del «entorno» se referÃa a todo aquello que vive pendiente del equipo y no es el equipo, empezando por la directiva. «Hay un entorno que influye y si no fuera asÃ, el Barcelona ganarÃa muchos más tÃtulos. El entorno repercute en mis hombres. Si las cosas no se arreglan, vamos a terminar malâ€�, dijo Cruyff, justo 50 dÃas antes de terminar mejor que nunca, levantando la ‘orejona’ en Londres gracias al golazo de Ronald Koeman en la prórroga.
El «entorno» lo englobaba todo, de tal manera que a la larga incluso Cruyff formó parte de él cuando ya habÃa dejado el club tras ocho temporadas en las que, pese a ganar entre otros tÃtulos una Copa de Europa, una Recopa y cuatro Ligas consecutivas con un fútbol habitualmente espectacular, acabó su relación con la junta presidida por Josep LluÃs Núñez como el rosario de la aurora. Por aquellos dÃas primaverales de 1992, como explicó en MD Joan PoquÃ, Cruyff intentaba «convertirse en mánager general del club con plenos poderes deportivos, a lo que Núñez no accedÃa, por entender que él mismo ya hacÃa todo lo que el cuerpo técnico le pedÃa». Asà que cuando Johan apostilló en la sala de prensa del Letna Stadion de Praga que “es urgente arreglar cosas» y que «el entorno influye y por eso el club es tan complicadoâ€�, ya dejó claro que «el problema» no era «el vestuario».
Quien fuera su mano derecha en el banquillo del ‘Dream Team’, Carles Rexach, presente en aquel famoso partido en que Cruyff se inventó lo del «entorno» cree, décadas después, que la palabra, como todo, «ha evolucionado y ahora significa otra cosa». «Si no fuera por las redes sociales, donde se opina muchas veces sin necesidad de dar tu nombre, me parece que, por ejemplo, ahora hay una crÃtica más amable por parte de la prensa, que apoya más que antes, probablemente porque un ataque más directo en el comentario si un futbolista juega mal tiene peores consecuencias que entonces para el negocio del fútbol».Â
Esa «evolución» se nota incluso en la conducta de una grada sociológicamente distinta, con más turista y, por tanto, seguramente con un sentido de pertenencia diferente que explica que ni para bien -celebrar un golazo- ni para mal -señalar a quien sea, árbitro, entrenador, futbolista o directiva- la pañolada haya pasado a ser una excepción pesudoanacrónica, mucho menos habitual que antaño.
Aquel 1 de abril de 1992, por el sistema de competición, al Barça le bastaba con un empate en Praga para ser finalista de la Copa de Europa. HabÃa empatado en Lisboa ante el Benfica y ganado en Kiev al Dynamo, lo que sumado a las victorias en el Camp Nou ante Sparta y Dynamo le habÃa puesto ya aquel dÃa a las puertas de Wembley. ‘Praga; un Punto y Final’, tituló Mundo Deportivo el dÃa de un partido que hoy se recuerda más por el ‘después’ que por el ‘antes’ y el ‘durante’. Aquel 1-0 pospuso el sellado del pasaporte a la final de Inglaterra al último partido de la liguilla, ante el Benfica. El Barça ganó 2-1 en el Camp Nou y todo el club aparcó las tiranteces para sacarse la espina histórica de haber perdido dos finales de infausto recuerdo, la de los postes cuadrados de Berna en 1961 precisamente ante el Benfica (2-3) y la de los cuatro penaltis fallados en la tanda ante el Steaua de Bucarest en 1986 en Sevilla. Praga, sin embargo, dejó para siempre como legado el famoso «entorno». Hoy es un término ‘multiuso’ que vale para describir casi todo; eso sÃ, siempre con un deje amenazante respecto a la buena marcha del club.

