La llegada de Matarazzo a la Real Sociedad ha supuesto algo más que un cambio en el banquillo. Ha sido un salto evidente en competitividad. En solo cuatro partidos, el equipo ha demostrado una capacidad extraordinaria para competir en cualquier contexto y ante cualquier rival. Empatar contra el Atlético, ganar al Getafe, superar a Osasuna y tumbar al Barcelona es la consecuencia directa de un equipo convencido, intenso y mentalmente fuerte. Algo que parecÃa imposible en las últimas semanas antes de la llegada del técnico estadounidense, que le ha cambiado la cara a un equipo que ahora compite cada balón y cada duelo. Y que ha mejorado mucho en todos los aspectos.
La victoria ante el Barcelona es el mejor ejemplo de esta nueva Real. El equipo jugó un partidazo, fue valiente, agresivo y tremendamente competitivo. Se adelantó con justicia, encajó el empate y, lejos de dudar, reaccionó como hacen los grandes: en apenas un minuto volvió a ponerse por delante. Esa respuesta inmediata refleja un equipo que cree, que no se cae y que sabe sufrir y golpear cuando toca. Y sobre todo, que tiene muchas vidas. Y que hay que ganarle más de una vez para poder derrotarle. Eso es muy difÃcil de conseguir. Más, en un equipo que no creÃa demasiado.
Si algo define a esta Real es su mentalidad competitiva. Ganar al Getafe en el descuento, empatar ante Osasuna en el último suspiro y acabar imponiéndose en los penaltis habla de un grupo que no baja los brazos jamás. El triunfo ante los catalanes le da otra altura al equipo. otro color. Otra realidad. Sin Matarazzo, serÃa difÃcil pensar que aquel equipo podrÃa haber peleado asÃ, de tú a tú, al reciente campeón de la Supercopa de España. You have been Matarazzed.Â

