Sonrojada por una nueva final perdida contra el Barça, el bajo rendimiento de sus futbolistas, la destitución de Xabi Alonso y la vergonzante eliminación de la Copa contra el Albacete, la afición del Bernabéu dijo basta y le dedicó a su equipo la mayor pitada que se recuerde en muchos años. Ni el mismo palco presidencial, con Florentino a la cabeza, pudo quedar ajeno del escarnio y también fue foco de las iras de una afición que ya no ve a su presidente como a una figura intocable. Suele decirse que la grada es soberana, pero ayer el madridismo, tanto en la previa como durante el mismo partido, incluido el descanso, y en la conclusión puso en el foco de sus iras a Vinicius, Bellingham, Huijsen y Valverde, que fueron abucheados constantemente en cada una de sus intervenciones. Ni la victoria por 2-0 contra el Levante evitó que las protestas se reprodujeran al final. Como también se pudieron ver muchas pancartas pidiendo la dimisión del presidente, que fue coreada en diversos episodios del encuentro.
Unas crÃticas al palco que fueron tachadas por el nuevo entrenador, Arbeloa, de interesadas y de conocer la procedencia. En un acto más del servilismo del técnico hacia el presidente que ha apostado por darle las riendas, a pesar de su inexperiencia. El madridismo vive instalado en una especie de guerra civil de difÃcil solución, visto el pobre rendimiento del equipo. Mientras se denuncian la existencia de campañas organizadas para dinamitar el que parecÃa incuestionable liderazgo presidencial, desgastado por el inexorable paso de los años y una pésima dirección deportiva. Siempre se ha dicho que la opinión de la grada es soberana y en este caso la de los seguidores blancos señala directamente hacia unos futbolistas caprichosos capaces de forzar la salida de los dos últimos entrenadores con la complicidad del palco.Â
Pero también es verdad que no hay peor cosa en el fútbol que ser vÃctima de los pitos de tu propia afición como sucedió ayer de manera irrefrenable en el feudo blanco. A lo largo de la historia en el Camp Nou se han vivido episodios muy similares. Pañoladas dedicadas a forzar la salida de presidentes. AsÃ, como para rechazar la imagen autoritaria de Van Gaal, a quien no se le perdonaba su fidelidad inquebrantable hacia Núñez, al que llegó a catalogar como a “un segundo padreâ€�. Las heridas se hacen difÃcil de cicatrizar y acaban provocando fracturas sociales de compleja solución. En el Barça durante mucho tiempo su masa social quedó dividida por los efectos de la destitución de Cruyff. Hubo un partido contra el Logroñés, con Robson en el banquillo, se ganó por 8-0 y el Camp Nou fue un flamear de pañuelos.Â
Con el paso del tiempo son episodios superados, porque a diferencia de otros, el socio blaugrana, a pesar de que se le escuche poco, siempre tiene la solución de poder opinar votando cada seis años a su presidente. Tal como sucederá el próximo mes de marzo. Mientras hay otros que no recuerdan el tiempo transcurrido desde que depositaron su voto en las urnas por última vez. Esto no ha hecho nada más que empezar. El remozado Bernabéu arde en llamas y sin poder organizar los prometidos conciertos que habÃan de financiar el coste de las obras. Aunque tras lo visto el madridista no está para que lo embauquen con muchas músicas y menos la del truhan de Julio Iglesias.

